Sublimation

Drawings with ink made out of pigeon's feaces.

Installation at Alliance Française Guatemala

2015

Exhibition text

Usted está en frente de una mierda

En la historia del arte moderno y contemporáneo encontramos tres artistas que utilizaron los excrementos –humanos- en el cuerpo de su obra. El primero es Piero Manzoni. Este italiano, en 1961 creó la obra “Mierda de artista”, en la cual el enlató sus propias heces. Sin embargo, el interior de la lata era inaccesible a los ojos del público, la existencia del contenido estaba puesta en duda. En 1989 el artista Roger Bazile, durante un performance abrió una de estas latas revelando al interior una lata más pequeña, el público nunca vio el contenido esperado.
Unos años después, en 2000, Wim Delvoye interviene máquinas de lavar ropa para convertirlas, con la ayuda de enzimas propias del sistema digestivo humano, para volverlas una especie de tracto estomacal. En un extremo, una boca sirve para recibir los alimentos y la otra expulsaba los mojones que eran luego empacados al vacío y firmados por el artista.

Estos tres ejemplos muestran los excrementos como una escultura, siendo ready-mades, salvo por Delvoye. Ellos toman distancia de lo solemne de los materiales preciosos -piedra, madera, metal-, y proponen una producción mecánica, incluso la posibilidad de ediciones múltiples como obra de arte. Sin embargo, el trabajo con las materias innobles comienza mucho antes en la literatura, especialmente con los escritores románticos. Estando hartos de la belleza, lo desagradable era para Kant, un movimiento de ideas “aún más sublimes que lo clásico antiguo” (Víctor Hugo). Las excreciones y los residuos, así como las vanidades -los cuadros con cráneos y velas apagadas-, recuerdan lo efímero de la existencia humana y lo desconocido del más allá. Bataille, algunos años después, va a insistir en el lado más espontáneo y pulsional que rompe las normas de la razón, loadas por la belleza.

“Sublimación”, que por definición es la transformación química de lo sólido en gaseoso, señala el cambio histórico del estatuto del artista: de alguien que porta un saber técnico -preparar, mezclar y esparcir colores-, a alguien que porta -desde el renacimiento- la capacidad de crear el goce estético de la bello y el extático.